23/9/17

¿Por qué no puedo dejar de comer?

En mi día a día, en la escuela, trabajo u otro lugar público escucho a gente decir “tengo hambre”. Nada raro. Lo que no es normal, es que es todo el día a toda hora. 

El hambre es un instinto, tal vez el más primitivo e importante para la supervivencia y evolución del ser humano como lo conocemos actualmente.



El hambre nos movía a salir de la cueva a buscar alimento, ya sea cazar alguna presa o recolectar raíces, frutos o distintas hierbas, según la época del año.

Y ahí reside la clave y el encanto de la actividad física, si no nos movíamos no había comida, los animales salvajes no eran tan dóciles y fáciles de conseguir como la pizza que llega a la puerta de casa.

La necesidad de comida es un punto de inflexión en la actividad física de los animales, en su dinamismo particular. El hambre era esa motivación, sin el instinto del hambre hubiésemos tenido poca esperanza de sobrevivir, la especie humana no hubiese prosperado.


Viajemos un poco. Del pasado, nos transportamos al presente, al ahora.

Cosas consumibles (no necesariamente alimentos) por doquier, a toda hora, en cantidad abundante, en casa, en la esquina, en la cafetería. No se necesita motivación para salir a buscar algo que comer en un ambiente obesogénico.

Gracias revolución agrícola, gracias revolución industrial (quizá los peores acontecimientos en contra de la salud humana).

Ya no hay porque preocuparnos. ¿No?


Viajemos de nuevo. Vayamos ahora unos milenios atrás, era agrícola. Se empiezan a domesticar cereales y ganado. Comida al alcance, pero con mínimo procesamiento.

Hasta ahí, aún no llegamos al problema grave, los ultraprocesados.


Avancemos entonces a la revolución industrial.

Productos hiperpalatables (sabores intensos, adictivos), gracias al súper procesamiento y a la tecnología de los alimentos mal aplicada.

Pasamos de alimentos no tan procesados (era agrícola) a alimentos ultraprocesados (era industrial) en muy poco tiempo.

Pan, dulces, galletas, chocolates, barritas, refrescos, jugos, helados, productos light (pero fortificados, vaya arreglo) o zero, todo refinado. Mierda comestible.

Pues bien, ¿que sucede con estos productos ultraprocesados?

Lo que sucede es que alteran tu ciclo hambre-saciedad, el cual es controlado por tus hormonas (las que controlan la saciedad son muchas), y si tus hormonas se alteran, los ciclos corporales no funcionan adecuadamente.

Los ultraprocesados están malvadamente fabricados para crear adicción y afectar a tus hormonas.



No interesa tu salud a Coca-Cola, por más que tengan muy bonitos comerciales con música motivadora. Si interesan los clientes adictos de por vida. Son dinero fácil. Tu salud es la que paga el precio.


Pongamos un ejemplo, sin meter a la proteína y a la grasa (grandes saciadores).

Comparemos una manzana entera, con un jugo de manzana. Fresco, natural y sin procesamiento contra ultraprocesado, anti neutral por donde lo miremos, pero mucha gente piensa que una fruta es intercambiable por su jugo industrializado.

En el primer caso, tras comer la manzana, nuestra glucosa en sangre aumenta, es lo esperado. Pero esa subida de glucosa es lenta, paulatina.

Agradezcamos a la fibra que en ella hay, al estado sólido de la fruta y al proceso de masticación. Todo junto (mas vitaminas y minerales), contribuye al proceso de saciedad y saciación. Al estado saludable de nuestro sistema hormonal.

El pico de insulina, la hormona encargada de ayudar a la glucosa a entrar en la célula es más acentuado, menos abrupto. Más saludable. Lo mismo en el descenso de la misma. Todo bien al momento. Hambre bajo control.


Tomemos ahora un juguito de manzana, sin fibra, con el azúcar concentrada y sin realizar esfuerzo alguna en masticar (no activamos proceso de saciedad).

Esto es lo que obtienes: una subida de azúcar en sangre más brusca y repentina, con la consecuente liberación de una mayor cantidad de insulina en menos tiempo para intentar meter toda esa azúcar en las células.

Lo que más rápido y alto sube, más rápido y bajo cae. Esto se traduce en ineficacia del proceso de saciedad y saciación. Nuestro ciclo hambre-saciedad es atacado vilmente.

Tendrás hambre al poco tiempo, tú saciedad está incompleta. Psicológica y fisiológicamente tu cuerpo pedirá comida (al fin y al cabo no se la has dado realmente). Aunque seguramente comas algo igual o peor. ¿Unas galletas? ¿Otro jugo?

Cuando ésto es el pan de cada día (permíteme la expresión), se origina un círculo vicioso de hambre-insaciedad-hambre. Entonces que venga la obesidad, diabetes, hipertensión y demás invitados non gratos de la civilización actual.


“Bienvenid@ a la época actual, déjese controlar por la industria y lleve consigo su síndrome metabólico, disminuya sus años y calidad de vida. Sea una estadística más, una triste estadística. Su salud no es nuestra salud, pero su vida si que nos pertenece.”

Come alimentos enteros, frescos, de temporada. Controla tus hormonas y controlaras tu cuerpo y sensaciones. Aquí mi selección básica de ingredientes.

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